Los cuerpos
no se olvidan
de lo sentido.
Mucho menos
del ser amado
que uno amó.
Los cuerpos
no pesan tanto
por la carga
de mudanzas
o de grasa adherida
más bien
por lo heredado
y lo aprendido.
Los cuerpos
sudan de victorias
y de fracasos,
de intervalos
y de grandes saltos.
Los cuerpos
con el tiempo
adquieren grietas características,
que en la penumbra
y en medio del orgasmo
se dejan ver.