Soy intolerante al dolor. Ahora mismo quiero llorar, tengo un dolor muy fuerte en la cintura que no logro detectar si son los riñones o un mal movimiento, espasmo muscular. Quiero a mi madre ahora mismo. Agonizo. Sufro de hipocondría y otros males contemporáneos. Dame ese remedio. No me leas el prospecto que seguro empiezo a generar los efectos secundarios. Agonizo. ¡Ahhh! Soy intolerante al dolor físico. Prefiero mil veces que me duela el corazón, mi alma, que ya están curtidos y acostumbrados a las puñaladas, no así mi cuerpo. Mi vehículo de un metro cincuenta y monedas que se desplaza por ese trozo de tierra. Estoy en una cafetería. Voy a pedir más café y voy a quedar más acelerada, para así olvidarme de este dolor y empezar a pensar como calmar mis nervios, mi ansiedad. En fín, mi neurosis.
Si muero, acordate de regar las plantas. De donar toda mi ropa. De regalarle libros a mi hermana. De leer en voz alta alguno de mis poemas. Y de tomar mucho pero mucho vino.