Me basta con mirarme al espejo para saber que estoy sola.
Que nací sola. Como todos.
Porque solos nacimos y solos moriremos. Y solos, pasamos gran (casi toda) fracción de nuestra vida.
Me basta con mirarme al espejo para saber que soy una adolescenta eterna y no una niña eterna. Mi niña murió hace mucho pero la que sigue viva es mi adolescenta. Que todo lo adolesce. Que todo lo vive con gran intensidad. Que ama con la misma intensidad con la que odia/se enoja. Que ríe con la misma fuerza con la que llora.
Me basta con mirarme al espejo para saber que no soy eso que veo. Y que ven.
Que todo eso, es solo una gran y notable decoración. (Os guste o no). Que el delineador negro y siempre corrido, que la boca siempre pintada de naranja o fucsia, que tanto aro, que tatuaje, que toda esa ropa colgando que parece no tener acomodo ni armonía, que todos los pelos por aquí y por allá al mismo tiempo, no llega a expresar (o sí) ni un octavo de lo gran destruido, dulce y frágil de mi corazón.
Que el pobre tiene moho ya, de tan cerrado en pequeñas cajitas, una adentro de la otra, cual la mamushka. Que cuando se abre el candado, van cayendo telarañas como ese baúl repletos de libros que nunca leí. Que tiene espinas, que 'ta oxidado ya. Que lo intento curar como puedo. A veces con más lamentos y renace así, como el ave Fénix. Que lo curo con mucho vino y otras drogas que no sé ni nombrar.
Me basta con mirarme al espejo para saber que te sigo extrañando.
Y que te espero.
Sí, te espero.
No sé muy bien dónde, ni porqué, pero te espero.
Te espero como quien espera al 104 pasada la medianoche. Por el simple hecho de esperar.
Te espero adentro. Ahí, bien adentro, en el fondo, en lo más profundo. Ahí adentro, donde todo sucede, explota y pasa.
Te espero, aunque sea en el recuerdo de un amor incomprendido, inestable, inaceptable, inadmisible, inaguantable, indomable, inevitablemente tóxico y todo lo 'in' que se te pueda ocurrir,
a pesar de ser tan out.
Me basta con mirarme al espejo para ver que mis ojos estallan de negro y son puro rojo.
Rojo.
Rojo, intensidad.
Intensidad, ira.
Ira, fuego.
Fuego.
Mis ojos están prendidos fuegos.
Me miro al espejo y no sólo mis ojos son fuego, también mis brazos, mis muñecas mis manos. Mi espina dorsal. Mi lengua, mi boca, mi vagina, mi axila, mi sexo, mi verborragia, mi.
Mi toda yo, ¡está prendida fuego!
Ardo. Ardo. Ardo. Quemo. Quemo. Quemo.
Me basta con mirarme al espejo para saber que debería ir a terapia. Ir, empezar. Pero prefiero comprar mucho vino y reír y llorar y reír y llorar y escribir y llorar y llorar y escribir y escribir y reír y reír y gritar y caer y vomitar y reír y llorar y escribir.
Me basta con mirarme al espejo para saber que soy y no soy todo eso. Esto.
Me basta con mirarme al espejo para saber que soy infinita.